El pensarte es un castigo,
Que me persigue desde el día
En que te cruzaste en mi camino,
Pues tú presencia
Ha sido la más fatal condena
A la que mi mente se ha sometido.
Ni la más oscura noche de luna nueva,
Ni los cantos de los vientos en la pradera,
Se comparan con el temor de cruzar
La delgada línea que nos mantiene distantes.
Aún así,
Soy adicta al sentimiento de peligro,
Que generas cuando estoy contigo,
A ésa sensación de adrenalina y descontrol,
Que me atrapa
Con sólo pensarme una noche en tu cama.
Haces girar en mí constantemente,
Pensamientos inconscientes,
De deseos indecentes,
Que debilitan mis fuerzas,
Y me hacen humana ante ti.
Tu imagen siempre presente,
En los días más calurosos de verano,
Hasta las noches más frías de invierno,
Hacen de mí una adicta al deseo de ti,
Deseo de oler cada fragmento de tu cuerpo,
De recorrer con dulces besos y delicadas caricias,
Tus pies, tus manos, tu cuello, tu hombría.
Me acompaña tu pensamiento,
Como un constante recuerdo
De la condena a la que me has sometido,
Pensamiento incesante de robarte una noche,
Me persigue como la sombra misma.
©Oreana Díaz
Marzo, 2013.
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